¿Aumentará el COVID-19 la Desigualdad Entre Trabajos?

Por Maho Hatayama, Mariana Viollaz Hernán Winkler / Mayo-2020 /

La crisis del COVID-19 y la implementación de medidas de distanciamiento social alrededor del mundo han dado lugar a la pregunta de cuántos trabajos pueden realizarse de manera remota.

Encontrar una respuesta ha resultado una tarea difícil dada la imposibilidad de monitorear en tiempo real quiénes están en condiciones de trabajar desde su casa.

Por ejemplo, mientras que el trabajo remoto puede no ser óptimo para varias ocupaciones en tiempos normales, las tareas vinculadas a cada trabajo han experimentado importantes ajustes durante la pandemia. Consideremos el caso de los restaurantes que rápidamente se convirtieron de la modalidad de servicio en el establecimiento a la modalidad “para llevar”; o los médicos de familia que ahora responden consultas médicas en línea; o Stephen Colbert, quien está realizando su popular programa de TV desde su casa.

Existe otro aspecto clave en esta discusión y que afecta principalmente a países en desarrollo: el acceso a internet está lejos de ser universal pudiendo reducir drásticamente la cantidad de trabajos que pueden ser realizados de manera remota. Dos ejemplos pueden ilustrar este punto. Primero, los médicos en África podrían realizar chequeos básicos a sus pacientes mediante la modalidad en línea, pero esta no es una opción si la mayoría de los pacientes no tienen conexión a internet. Segundo, mientras que los trabajadores de centros de atención al cliente podrían ubicarse muy alto en sus chances de trabajar de manera remota dado su uso intensivo de internet en el trabajo, no es claro cuántos de ellos cuentan con una conexión en su vivienda.

Intentamos entender estos puntos en este nuevo trabajo.[1]

Estimando la adaptabilidad al trabajo remoto

La mayoría de los estudios existentes sobre este tema utilizan medidas obtenidas para Estados Unidos basadas en el tipo de tareas requeridas por cada ocupación. Sin embargo, las mismas ocupaciones en Estados Unidos y en otros países pueden diferir en su intensidad de tareas por diferencias en la organización de la producción o en el nivel de adopción de tecnología. Por ejemplo, los abogados o propietarios de negocios en países en desarrollo pueden depender en mayor medida de la interacción cara a cara –en relación a la interacción en línea– que sus pares en países más ricos.

En nuestro estudio abordamos este problema construyendo una nueva medida de trabajo remoto (WFH por sus siglas en inglés) utilizando encuestas de habilidades para 53 países de diferente nivel de desarrollo económico: 35 países cubiertos por la encuesta PIAAC, 15 países cubiertos por la encuesta STEP, y 3 países de la región de Medio Oriente y Norte de África que cuentan con información sobre tareas realizadas en el trabajo en sus encuestas de fuerza laboral (LMPS por sus siglas en inglés). Nuestra medida de WFH combina cuatro componentes:

  • Intensidad de trabajo físico y manual que captura aquellas tareas que requieren ser ejecutadas en una locación específica y, entonces, no pueden ser realizadas de manera remota, por ejemplo, porque implican el uso de equipo específico o el manejo de herramientas de gran tamaño;
  • Intensidad de interacción cara a cara que captura tareas como supervisión o contacto con el público;
  • Uso de tecnologías de la información y comunicación (TIC) en el trabajo que refleja el hecho de que, si bien algunos trabajos son intensivos en la interacción cara a cara, parte de esas tareas pueden ser intermediadas por las TIC y no necesariamente requieren ser realizadas en persona, y;
  • Conexión a internet en la vivienda para captar la posibilidad de realizar el trabajo de manera remota. Este factor es importante porque los trabajadores en países en desarrollo que utilizan las TIC en el lugar de trabajo no necesariamente acceden a los mismos recursos en su vivienda.

Mirando los componentes de la medida de WFH encontramos que la intensidad de tareas físicas y manuales cae con el PBI per cápita de los países, mientras que la interacción cara a cara aumenta. También encontramos que trabajos intensivos en interacción cara a cara tienden a utilizar las TIC en mayor medida, indicando que muchas de las tareas realizadas en esos trabajos serían más propensas a la modalidad remota. Por otro lado, documentamos la importancia de distinguir entre el uso de las TIC en el trabajo y la disponibilidad de una conexión a internet en la vivienda. Ambas variables están positiva y altamente correlacionadas –i.e., países con un uso más intensivo de las TIC en el trabajo también tienen una tasa elevada de acceso a internet en la vivienda—pero hay algunas diferencias, especialmente en países menos desarrollados. Por ejemplo, Filipinas se ubica relativamente alto en términos de uso de las TIC en el trabajo, pero tiene niveles relativamente bajos de conectividad en la vivienda.

Combinando los cuatro componentes obtenemos la medida de WFH y encontramos una importante variabilidad entre países. Los más vulnerables en el grupo de países PIAAC son Turquía y los de América Latina. En el grupo de países STEP, los de Europa y Asia Central tienen trabajos con mayores chances de ser realizados de manera remota y lo contrario ocurre en Sri Lanka, Laos y Ghana. Entre los países de Medio Oriente y Norte de África, Jordania se encuentra en mejor posición que Egipto y Túnez. En general, encontramos una fuerte asociación entre la medida de WFH, el PBI per cápita y el acceso a internet en la vivienda.

Figura 1. Medida de posibilidad de trabajo remoto (WFH) para países PIAAC, STEP y LMPS

Nuestros resultados también muestran grandes disparidades al interior de los países. Los trabajadores más educados, los asalariados y quienes son jóvenes tienen mejores perspectivas para trabajar de manera remota. Los trabajadores con empleos formales –porque tienen un contrato de trabajo (grupo de países PIAAC) o contribuciones a la seguridad social a partir de su trabajo (grupos de países STEP y LMPS)— se encuentran en mejores condiciones para trabajar desde su casa. Las mujeres presentan una medida de WFH más elevada que la de los hombres. Sin embargo, aun cuando las mujeres tengan trabajos más adaptables a la modalidad remota, la distribución desigual del trabajo doméstico y las responsabilidades de cuidado de niños dentro de los hogares puede impactar negativamente en sus posibilidades de hacerlo. Por último, los sectores de TIC, servicios profesionales, sector público y finanzas, y ocupaciones como el trabajo administrativo, profesionales y técnicos tienen mayores posibilidades de trabajar de manera remota.

Implicancia de política

Nuestros resultados muestran que países más ricos y trabajadores más educados tienen trabajos con mayores chances de ser realizados desde la casa. Una consecuencia inmediata de esto es que las medidas de distanciamiento social pueden ampliar las brechas existentes entre países y al interior de los mismos.

Los resultados también ponen de manifiesto la importancia de implementar política que lleguen a los trabajadores informales para quienes el trabajo remoto es menos probable y difícilmente estén alcanzados por programas que se implementan a través de los registros de la seguridad social o de la administración de impuestos. En buena medida, las diferencias en la posibilidad de trabajar de manera remota entre países y al interior de cada uno de ellos están explicadas por el acceso desigual a las TIC. Estos beneficios de las tecnologías digitales deberían ser considerados por los gobiernos de países en desarrollo al realizar inversiones en infraestructura de banda ancha.

Se permite reproducir esta entrada de blog, pero se solicita citar la fuente: Maho Hatayama, Mariana Viollaz y Hernán Winkler (mayo-2020). ¿Aumentará el COVID-19 la Desigualdad Entre Trabajos?. Blog del CEDLAS, http://www.cedlas.econo.unlp.edu.ar/wp/aumentara-el-covid-19-la-desigualdad-entre-trabajos