Contribución de los nuevos Nóbeles en economía: Banerjee, Duflo y Kremer

Este año, el premio en ciencias económicas instituido por el Banco de Suecia en memoria de Alfred Nobel lo recibieron Abhijit Banerjee, Esther Duflo -ambos en el MIT- y Michael Kremer -Harvard University- por la aplicación del método experimental para aliviar la pobreza. Ni el método experimental ni los deseos de aliviar la pobreza son objetivos que han estado ausentes en las ciencias. Este mismo premio fue recibido por Angus Deaton en 2015 por su contribución al desarrollo económico y su énfasis en la medición de distintas medidas de consumo y bienestar, especialmente de las personas pobres. Por otra parte, el uso de experimentos comenzó hace ya casi un siglo, y fue formalizado por el estadístico R. A. Fisher, entre otros, en 1935. Los primeros experimentos fueron desarrollados en el contexto de investigación agrícola al tiempo que su utilización en las ciencias médicas fue muy anterior al comienzo del uso en ciencias sociales. De hecho, Samuelson y Nordhaus (ambos premios Nóbeles también) afirman en su libro introductorio que “la economía no se puede dar el lujo de experimentar, como los químicos o biólogos”.

Lo que resulta particularmente innovador es que estos tres investigadores transformaron radicalmente la disciplina del desarrollo económico. Los experimentos -aunque de manera no exclusiva- permiten identificar efectos causales de distintos programas para paliar la pobreza. Mediante este método, se asigna un grupo de beneficiarios a la intervención o “tratamiento” y se mantiene y monitorea otro grupo llamado “control”, que no recibe la intervención en el mismo momento que el primero. Esto permite estimar el efecto causal de una intervención en algún resultado de interés sin los sesgos que encontramos muchas veces cuando trabajamos con datos de carácter observacional.

La noticia es sumamente positiva para quienes trabajan en áreas vinculadas con el desarrollo económico por diversos motivos:

En primer lugar, las investigaciones resultantes de los experimentos del trío tienen impactos medibles y cuantificables sobre poblaciones en contextos muy vulnerables. A modo de ejemplo, el trabajo de Miguel y Kremer que muestra los beneficios de los programas de desparasitación de niños de manera masiva en escuelas rurales de Kenia -en donde la prevalencia es altísima- van más allá de la mejora en las tasas de infecciones y asistencia escolar, afectando también rendimientos en las pruebas de graduación de la escuela primaria, especialmente para las mujeres. Este descubrimiento hizo que la intervención se implementara en varios países de África, India y Vietnam, entre otros.

Lo mismo se verifica para otro experimento que buscaba determinar cuál es la forma más conveniente para que comunidades sin agua potable utilizara cloro para purificar el agua de manera sostenida para evitar enfermedades. La instalación de dispensadores de cloro cerca de la fuente de agua resultaba en una mayor adopción y uso que otras formas alternativas. El programa se amplió en Kenia, Malawi y Uganda y resultó en una reducción de enfermedades trasmitidas por agua no potable.

Similares ejemplos pueden encontrarse en educación, como el programa de tutorías para mejorar los aprendizajes de los niños en India.

La segunda ventaja, es que los profesionales que trabajan en este tipo de experimentos también adquieren “otras herramientas que permiten un mejor vínculo entre teoría económica, resultados empíricos y el mundo real” (List, 2011).

Por último, los resultados son fácilmente interpretables y comunicables, lo que es importante en términos de difusión y adopción por parte de gobiernos y otros actores sociales.

Los experimentos no están libres de críticas, tanto fundadas como no. Vamos a enfocarnos en cuatro, pero sin duda hay más. La primera y más liviana cuestiona la falta de ética de excluir a un grupo de los beneficios con el fin de la evaluación. Los experimentos – en especial los que han conducido los ganadores del premio Nóbel- se someten a serios dictámenes de comités de ética en sus universidades, en los que se comprueba rigurosamente que no se violen principios éticos para la investigación. Además, muchas veces estos experimentos buscan medir el impacto de una intervención que no se conoce de antemano, o que puede tener efectos contraproducentes, con lo que resulta discutible la ampliación de los potenciales beneficios no conocidos. Por último, muchas veces los beneficios se reciben de acuerdo con criterios que no se vinculan con las urgencias de los beneficiarios elegibles, lo que también lo convierte en poco ético. Podemos dar como ejemplo aquí las asignaciones resultantes de clientelismo político que pueden tener o no que ver con reales necesidades.

La segunda crítica tiene que ver con lo que se llama “validez externa”, en donde se sostiene que los resultados de un experimento solo sirven para el caso específico en donde se aplica y no pueden generalizarse a otros contextos. Esto es una crítica válida, pero no se restringe exclusivamente a los experimentos, sino a cualquier estudio empírico en donde la representatividad de la muestra sea distinta a la que se quiera extrapolar las conclusiones.

La tercera hace referencia al hecho de que los experimentos miran problemas pequeños y que se enfocan en la incapacidad de los individuos pobres de decidir de manera racional. En este sentido, la academia ya ha reconocido en otras oportunidades a investigadores que muestran como muchas veces los individuos se alejan del modelo de elección racional y no hay razón para pensar que los individuos pobres han de ser la excepción a la regla.

La última, la mayoría de los experimentos arrojan resultados de lo que se llama equilibrio parcial, que pueden ser distintos a los que se obtienen cuando se quiere aplicar un programa a una escala mayor a la que fue realizado el experimento. Esto no quita mérito a los experimentos per se, sino que pone de manifiesto la necesidad de otro tipo de herramientas para complementar el análisis de los experimentos.

El mayor uso de experimentos en desarrollo económico probablemente no sea la respuesta a todos problemas de los países en desarrollo, pero su reconocimiento en la disciplina con el galardón más alto es bienvenido. El desarrollo económico y la erradicación de la pobreza son temas lo suficientemente complejos como para pretender que una sola innovación metodológica permita resolverlos.

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Se permite reproducir esta entrada de blog, pero se solicita citar la fuente: María Laura Alzúa (octubre-2019). Contribución de los nuevos Nóbeles en economía: Banerjee, Duflo y Kremer , Blog del CEDLAS, http://www.cedlas.econo.unlp.edu.ar/wp/contribucion-de-los-nuevos-nobeles-en-economia-banerjee-duflo-y-kremer