La Desigualdad en América Latina: Tres Décadas, Tres Actores

Por Leonardo Gasparini / Diciembre-2019 /

América Latina ha experimentado cambios distributivos significativos en las últimas décadas. En promedio, la desigualdad de ingresos aumentó en los 90, se redujo en los 2000 y se desaceleró en los 2010 (Figura 1). Entender las razones profundas detrás de estos cambios es una tarea importante pero compleja. En un reciente trabajo [1] hacemos una contribución a ese objetivo evaluando la literatura existente y proponiendo una “crónica” consistente con la evidencia disponible.

Figura 1. La desigualdad en América Latina.

Coeficiente de Gini. Promedio ponderado, 1992-2017

Fuente: Elaboración propia sobre la base de datos de SEDLAC (CEDLAS y Banco Mundial).

La fuerte reducción de la desigualdad en los 2000s en América Latina, que contrasta con la dinámica en la década anterior y la posterior, se puede explicar en función de tres grandes razones: (i) el rebote natural después de algunos shocks desigualadores en los 90, (ii) el contexto internacional favorable que propició un episodio de alto crecimiento económico y (iii) el apoyo de políticas públicas con impacto redistributivo.

En los años previos a la década de los 2000 la desigualdad aumentó en muchos países de América Latina a una tasa mayor a la del resto del mundo en desarrollo, en gran parte debido a dos tipos de shocks: reformas estructurales (apertura, inversión extranjera directa, cambio tecnológico, privatizaciones) y fuertes crisis macroeconómicas.[2] Pese a su naturaleza diferente, ambos shocks tienen un efecto parecido sobre la dinámica distributiva: fuerte impacto desigualador inicial con overshooting y progresivo rebote a niveles más bajos, no necesariamente inferiores a los iniciales. La conjetura es que por este solo efecto la desigualdad debería haber descendido, aunque sea moderadamente, en los 2000.

Pero la caída fue mucho más relevante debido a un segundo actor: el extraordinario contexto económico internacional. Ese contexto contribuyó por varios canales a una reducción de la desigualdad de ingresos: la súbita expansión redujo el desempleo y activó la demanda por trabajo no calificado, y el boom de precios de las commodities benefició a sectores intensivos en el uso de trabajo no calificado, ya sea directamente (ej. el agro) o indirectamente a través de una apreciación del tipo de cambio real. La bonanza económica además permitió que un tercer actor tomara un papel protagónico: las políticas redistributivas.

Con una situación fiscal mucho más holgada, mercados laborales en expansión y con presiones por políticas sociales más activas luego del desempeño frustrante de la década anterior, todos los países de la región reactivaron sus políticas redistributivas. La llegada al poder de gobiernos de centro-izquierda en la mayoría de los países probablemente aumentó la intensidad de los cambios de política. En los 2000s se crearon y/o expandieron programas de transferencias monetarias masivos, pensiones sociales y programas de empleo, se reactivó el salario mínimo y se potenció el papel de las convenciones colectivas y los sindicatos. Estos cambios ocurrieron mientras se mantuvo la intensidad de la expansión educativa iniciada décadas atrás; un factor que presiona la desigualdad salarial a la baja, al aumentar la oferta relativa de trabajo calificado.

Los tres actores parecen haber perdido fuerza, o directamente desaparecido, en la nueva década. Naturalmente, el efecto rebote termina diluyéndose y ya no aporta a la caída de la desigualdad. La influencia del segundo actor – el contexto internacional- también se ha agotado, como resultado de una demanda mundial mucho menos dinámica, menores remesas e inversiones y una reversión de los términos de intercambio. Ese contexto le ha quitado energía al tercer actor. Las políticas redistributivas se han mantenido en los 2010, pero se ha limitado notoriamente el margen para ampliarlas: ya no abundan los recursos fiscales, ya no queda mucha población sin cobertura para expandir los programas de transferencias, ya el mercado laboral no resiste presiones salariales sin costos de empleo significativos. En ese marco, la desaceleración observada de la caída de la desigualdad es un resultado esperable.

Este trabajo desarrolla estos argumentos y provee referencias y evidencia empírica consistente con esta interpretación de la dinámica distributiva en la región.

 

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[1] Gasparini (2019). La Desigualdad en su Laberinto: Hechos y Perspectivas sobre Desigualdad  de Ingresos en América Latina. Boletín Techint. En prensa. Link al Documento de Trabajo del CEDLAS N°256: http://www.cedlas.econo.unlp.edu.ar/wp/wp-content/uploads/doc_cedlas256.pdf
[2] Fuertes crisis macroeconómicas con caídas abruptas del PIB afectaron a Argentina, Colombia, Ecuador, Paraguay, Uruguay y Venezuela entre fines de los 90 y los primeros años de los 2000.

 

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